LO QUE ODIAMOS DE LOS DIPUTADOS (… pero que también nosotros hacemos) – 2a parte –

 

TRÁFICO DE INFLUENCIAS

 

Es conocido el caso de aquella beca a Taiwan ganada con esfuerzo, pero que fue otorgada a una sobrina de un diputado sin el mayor mérito. Eso se llama tráfico de influencias y es completamente injusto. Ya ni hablemos de delito. Digamos, que es como darle cola a un conocido en la fila del cine o banco, solo porque sí, eso no es justo con los demás que han hecho la espera. No seas así, no seas diputado transa.

 

TRANSFUGUISMO

 

Hay un tema de gran importancia hoy en día, y esa es la honorabilidad. Si uno se compromete a algo, debe de cumplirlo y si eso algo va en contra de la ley, pues denunciarlo. Es como trabajar en una empresa, y luego cambiarse a otra que hace exactamente lo mismo y venderle la información y secretos de su antiguo empleador al nuevo. Eso es poco ético y habla muy mal como profesional. Es lo mismo con el congreso y cada diputado que se cambia a placer de partido político – que significa una filosofía política – como si se cambian de calzones. El transfuguismo político se traduce a un transfugismo de ética.

 

NEGLIGENCIA

 

El trabajo de un médico es velar por la salud de su paciente, hizo un juramento como profesional llamado Juramento Hipocrático. Si hace prácticas médicas que ponen en riesgo la salud de sus pacientes, puede ser demandado y se le retira la licencia de práctica. Un diputado es exactamente igual, hizo un juramento de servicio a la patria que no cumple al estancar leyes que no van con sus intereses personales y que se traducen en daños a la población que dicen representar. Nadie quiere ser tachado de un incompetente en su campo, ¿verdad?

Las palabras «apatía» y «negligencia» frecuentemente son sinónimos de diputados… pero también de algunos ciudadanos.

 

APATÍA

 

Pongamos el siguiente escenario: vas en el tráfico y miras a un viejito pidiendo meterse en la avenida. La mara regularmente le tira el carro y se va bumper con bumper para, según ellos, llegar más rápido a su destino. Esa actitud de me vale madres el otro también lo tienen los congresistas al dejar de lado el clamor de leyes urgentes para el país. Lo que a ellos no les importa, siendo ellos protegidos por el estado, andar en carros blindados, ganar muchísima pero muchísima plata, es que el resto de la población carece de sus recursos QUE NOSOTROS MISMOS LE PROVEEMOS. Dejar de ser apáticos para con el otro, sonreír de vez en cuando y apoyarnos, es la mejor forma de empezar una revolución de acciones diarias para mejorar el país.

 

FALTA DE SOLIDARIDAD

 

Podríamos echarles en cara a los 158 diputados que únicamente velan por sus intereses, que sus leyes son sesgadas, hechas a la medida de sus clientes – que no somos nosotros – sino empresarios y otros funcionarios públicos, pero… velamos nosotros también por el prójimo. Sí, el de ellos es su trabajo, pero, velar por el vecino es velar por el bienestar de la comunidad. Si el egoísmo de unos lo vamos anulando y empezamos a ver la solidaridad como inversión social, los cambios llegarán como la lluvia: a germinar un mejor país.

 

LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO

 

Que son huevones, hasta ellos lo saben. Y se ufanan, y se ríen. Podemos verlos dormir en el hemiciclo, jugar Angry Birds, ver porno. Sí, como todos hacemos en nuestra estación de trabajo. Tenemos que entender que no hay trabajo menos importante y que tenemos que esforzarnos para que todo el sistema camine hacia un mismo lado. Porque para estar juntos gritando en el parque #FueraCorruptos, somatándonos el pecho y señalando a diestra y siniestra sin tomar en cuenta que nosotros somos parte del problema y que es nuestra responsabilidad también ser parte de la solución.

 

 

 

Para tener mejores autoridades debemos ser mejores ciudadanos.